Por Ana Laura Beristain Cruz
Dice la frase de los clásicos que en la política “trabajo mata grilla”.
Y sí, no hay duda.
Y sí, eso es lo que hemos estado viendo en Veracruz desde que arrancó el gobierno de la ingeniera Rocío Nahle García.
Atacada hasta más no poder, los que añoran los privilegios del pasado se han organizado para intentar «traerla a raya”, pero se han topado con pared.
La mandataria veracruzana, tiene carácter y no se arredra frente a los ataques.
Ninguna estrategia en contra de la mandataria veracruzana les ha funcionado, porque como dicen los clásicos, “trabajo mata grilla”:
Si usted recuerda, amable lector, desde la campaña han circulado versiones sobre supuestas cuentas en el extranjero, múltiples propiedades, una presunta casa en Nueva York, una cadena de negocios, zapatos, el yerno y ahora el marido. Acusaciones que aparecen, desaparecen y vuelven a circular con distintos envoltorios, pero con el mismo propósito: sembrar duda sobre la persona y, con ello, intentar demeritar su desempeño como gobernadora.
El problema de esta estrategia es que los familiares de una funcionaria no son funcionarios por el simple hecho de ser sus familiares.
Su vida personal no puede convertirse en sustituto del debate sobre las decisiones, las políticas públicas y los resultados de quien sí ocupa un cargo de responsabilidad.
Y sobre todo el hecho de que la repetición no convierte una acusación en verdad.
Una versión puede circular cien veces en redes sociales y seguir siendo una versión.
Un señalamiento puede repetirse durante años y continuar necesitando pruebas.
En política, la acusación fácil suele tener la ventaja de llegar rápido; la verdad, en cambio, exige documentos, auditorías, resoluciones y hechos.
Y a la gobernadora Rocío Nahle ya le ha pasado, por ejemplo, el caso de Dos Bocas. La refinería ha sido objeto de procesos de fiscalización y auditorías al por mayor.
Si existen señalamientos concretos sobre irregularidades, corresponde acreditarlos por las vías institucionales, no convertirlos en una sentencia anticipada desde redes sociales.
Lo mismo debe ocurrir con cualquier otra acusación.
Si alguien sostiene que una propiedad pertenece a la gobernadora, que lo pruebe. Si afirma que existen recursos en el extranjero, que presente la documentación correspondiente. Si acusa un acto ilícito, que acuda ante la autoridad competente.
Porque una cosa es cuestionar a una gobernadora (algo absolutamente legítimo en una democracia) y otra muy distinta es construir una campaña permanente de desprestigio a partir de acusaciones que se reciclan de manera coordinada y sin aportar elementos nuevos.
También llama la atención que, cuando el argumento político no alcanza, el ataque termine desplazándose hacia la familia: si no pueden con la funcionaria, intentan golpearla a través de quienes la rodean.
Así que amable lector, esté atento.
No todo lo que brilla es oro y en esta era de la infodemia, los grupos políticos desplazados, los que se sentían dueños de Veracruz, no toleran que una mujer gobierno con los resultados que saltan a la vista.
El asunto del presunto desabasto de medicamentos, los misiles en contra de su familia, las críticas enconadas desde granjas de bots, sólo son eso, una estrategia desesperada de desacreditación.
Sin embargo, la mandataria está firme, convencida, como han dicho los clásicos, que “trabajo mata grilla”.



