A minutos de que venciera el ultimátum lanzado por Estados Unidos, el presidente Donald Trump dio marcha atrás a la ofensiva militar contra Irán y anunció un alto el fuego por dos semanas, siempre y cuando Teherán permita el paso libre por el estrecho de Ormuz.
La decisión se tomó tras negociaciones de última hora y la intervención de Pakistán, que pidió frenar una escalada que ya encendía alarmas a nivel mundial.
Irán aceptó abrir la ruta marítima —clave para el transporte de petróleo— y confirmó que los buques podrán circular bajo supervisión de sus fuerzas armadas. El canciller Abbas Araghchi dejó claro que el acuerdo depende de que cesen los ataques contra su país.
Desde Teherán, el gobierno iraní aseguró que Estados Unidos terminó aceptando sus condiciones y no dudó en calificar el movimiento como una “retirada humillante” de Washington.
El plan de Irán incluye exigencias de alto calibre: retiro de tropas estadounidenses, fin de sanciones, acceso a recursos congelados y control del estrecho de Ormuz, una de las rutas energéticas más importantes del mundo.
Mientras tanto, dentro de Estados Unidos creció la presión contra Trump. Políticos, analistas y figuras públicas criticaron el tono extremo de sus amenazas, sobre todo ante versiones de que se contemplaba el uso de armas nucleares.
El senador Ron Johnson advirtió que atacar sería un grave error, mientras que el comentarista Tucker Carlson incluso llamó a frenar cualquier orden ilegal.
En la oposición, voces como Alexandria Ocasio-Cortez y Bernie Sanders acusaron que se estaba poniendo al mundo al borde de una guerra mayor.
Aunque se anunció la tregua, reportes indican que Israel continuó con ataques, lo que deja en duda la estabilidad del acuerdo.
Por ahora, el mundo observa un frágil respiro de dos semanas que podría definir si el conflicto se desactiva… o si solo se está posponiendo una crisis mayor.




